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60 horas después…

 

Cuando se recibe el alta no siempre es una buena noticia, me acaban de comunicar que es mejor que Blackguarry salga del hospital y que la naturaleza siga su curso, han decidido que hay que despertarla y que es mejor que esto se haga en casa, entre los suyos.

 

Todo está dispuesto para el ritual, será un acto solemne, en silencio. Ya no tengo claro, debido los informes médicos y los comentarios de los que han seguido su evolución de lo que pueda suceder.

Conozco de memoria el orden en el que hay que vestirla para el momento.

Aún así todo está dispuesto con precisión y pulcritud.

Con una solución que atrapa el polvo  he limpiado todo resto de su letargo entre arroz.

 
   

Está sucia, empañada, fría.

Todo encaja aunque baila un poco, normal, ha perdido peso.

Poco a poco va recuperando su aspecto antes de su viaje al centro del cubo de la fregona.

No se si siente algo, pero los tornillos van entrando.

Uno a uno…

 
   

Es el momento de despertar.

Increíble, el icono giratorio de su tema makero indica que está «pensando» , hay actividad, vive. La energía puede hacerla morir, sus circuitos se debaten ahora en un ciclón de miliamperios de esos.

Su cerebro recuerda el día del accidente, lunes 15 a las 18:04, pero parece querer olvidarlo y reclama enseguida volver a la fecha y hora de hoy, lucha por volver.

No se detectan parpadeos ni caracteres corruptos, si se mantiene encendida habrá sobrevivido, al menos temporalmente.

Vomita el logo del operador entre tropezones de Don Límpio y granos de La Fallera, pide el PIN tomando aire con fuerza al tiempo que abre todas las aplicaciones y se estremece entre musiquillas de inicio.

¡Ha vuelto!, empieza un alegre y frenético recuperar de llamadas perdidas y correos.

Sus primeras palabras han sido: «¡No han matado a Blackguarry , cabrones!

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