Icono del sitio JRMora, humor gráfico

Campo de concentración navideño

Campo de concentración navideño
 

Campo de concentración navideño

Imagina que bajo (o junto a) tu ventana desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche este altavoz-megáfono empieza a escupir los «mejores villancicos» de Raphael a piñón fijo. Y no hay sólo uno, esta calle peatonal está salpicada de estos amenazantes artilugios.

Desconozco quién es el DJ navideño pero no sale de los villancicos. Esta música intrusiva y machacante que inunda la calle, que hace poco se convirtió en peatonal, se mete en casa sin preguntar, se supone que la tortura esta pretende animar a la gente a que pasee y compre en sus comercios.

Los peces llevan ya bebidos miles de litros de agua del río, la burra lleva millones de kilómetros y aún no ha llegado a Belén…

María ha sacado ya dos mil setecientas botas para que se emborrache alguien y el montón de campanas sobre campanas alcanzan ya una altura escandalosa y la Navidad Navidad es tan dulce navidad ya que empalaga las orejas.

La noche es tan de paz y tan de amor que se le ha derretido ya el cerumen a todos los vecinos. El borriquito agoniza de tanto arre y la blanca Navidad ya nos tiene negros.

Esta técnica de lavado de tarro, en apariencia inofensiva, puede ser muy perniciosa para el cerebro, cuando los villancicos cesan siguen tronando en tu cabeza.

 
   

Estoy por sacar los altavoces del JoM cinema por el balcón e iniciar la contraofensiva musical con algo diferente, no creo que a nadie le moleste que lo haga sin preguntar ya que nadie me preguntó si quería trabajar con ese hilo (mas bien soga) musical todo el día.

Se me ocurre que podría poner a todo volumen este villancico que me recomendó Sissi para que haya variedad de estilos y mensajes.

Salir de la versión móvil