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Los dueños del miedo

 

Los dueños del miedo

Viñeta del 11/04/2021 en CTXT

Son los que despachan el miedo cada jornada. Un día pueden estar dándole cancha con generosos espacios en sus medios a cualquier tarado conspiranoico negacionista antivacunas y publicando terrores a cholón y al siguiente recomendando la vacunación. Lo mismo reproducen absurdos discursos anticiencia catetizantes que pretenden al tiempo dar lecciones de civismo y responsabilidad.

Sigo convencido de que la prensa está pasando por su peor momento. No es que pretenda que no se tengan en cuenta supuestas informaciones discordantes con lo que creemos o queremos creer sobre cualquier asunto. No se trata de eso.

Entre ejercer el periodismo y lo que se está haciendo ahora hay millones de kilómetros de distancia. Lo que debería ser la información llega trufada de opiniones, a cual más loca y extrema y el lector ha asumido ya que no puede ser de otra forma.

Bien es cierto que la situación tampoco ayuda mucho, la sinrazón en los continuos vaivenes para fijar la edad de vacunación para la AstraZéneca sin unificar criterios científicos y sobre todo sin intentar profundizar para informar con rigor de los motivos para cada decisión han alimentado aún más a los obtusos negacionistas que en sus delirios creen estar en posesión de «verdades ocultas».

Otro tanto de lo mismo con la movida de la absurda regulación del uso de la mascarilla en cualquier lugar y circunstancia aunque no haya otro ser humano en un radio de diez kilómetros, que bien parecía que era sólo una jugada para evitar que el personal se agarrara a la ley del metro y medio de distancia para no llevarla y que no discutieran con la policía cuando se les multaba por ir sin ella.

Cagadas, muchas,  personas que se ha llevado la pandemia, demasiadas. La gestión de las residencias de ancianos y la protección de los sanitarios en el inicio de la pandemia, criminal y vergonzante. Sin hablar de las secuelas en nuestra salud mental y la ruina que nos ha dejado, que hemos añadido a las anteriores y que arrastraremos hasta enlazar con las próximas.

 
   

Con todo, dentro de lo mierder de esta nueva normalidad y de que estemos en la enésima etapa de estupidez creciente, que se pueda hablar de vacunas hoy me hace recordar los asfixiantes y desesperanzadores días de hace justo un año cuando ni teníamos tratamiento para la enfermedad ni nadie apostaba un duro por poder tener vacunas antes de cuatro o cinco años.

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