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Enemigos a medida

 

Lo han conseguido, no hay noticia sobre el asesinato de Isabel Carrasco que no lleve otra empotrada sobre detenciones de tuiteros, peticiones de «regulación» del territorio de la maldad internáutica, el odio de los envenadores digitales  o similares.  Este asunto ha terminado empapando hasta las informaciones sobre las elecciones.

Y es que canta mucho el interés de muchos por politizar el suceso,  pero al saber que no podían convertir una venganza personal en un asunto de los buenos nosotros contra los malos ellos, han tirado del almacén de distracciones obligándonos a asistir a una de las maniobras de desviación de la atención más burda de los últimos años. Es de manual, lo que mejor funciona en estos casos es introducir un nuevo enemigo , o el mismo en versión internetera. Total, ni se notará.

Conviene recordar que desde el minuto cero fueron  muchos trabajando duro en esto. Para intentar verlo con perspectiva basta rebobinar un poco la cronología de los hechos.

TVE elaboró una pieza sobre los primeros  tuits «chungos» que era un calco de una nota raquítica que hizo La Gaceta con dos tuits.  Ya en su tertulia de la noche habían dedicado un tiempo más que generoso a crear un clima de alarma. Parecía que llegaba el fin del mundo. El periodista Fernando Jáuregui insiste en que Tuiter está lleno de forajidos y malandrines.

El resto de periodistas de la mesa se sumaron a la dramatización , luego entró la llamada de Mañueco (PP) añadiendo que en las redes sociales se hace mucho daño desde el anonimato y que había que tomar medidas rápido. Otra persona de la mesa  dice que tuiter es una cloaca. Y una señora tertuliana pide que se persiga a los malandrines de tuiter.

Coto a la libre expresión

El ministro del Interior corrió a anunciar que los malos serían atrapados , elementos del PP repiten la canción,  UPyD también se arrima a lo mismo, algún desubicado del PSOE propone el enésimo «observatorio«, pero el partido sale por peteneras,  hasta algún sindicato policial pide cabezas. Todos acompañados de un  machacar desde TVE, y muchos otros medios, para reclamar con urgencia  que las cosas que se escriben en  Tuiter son un gran problema social de primera magnitud, sobre el que hay que legislar en calentito. Regular, dicen. Y rápido se empezó a detener de oficio.

El resto ha sido un festival de aspavientos,  hasta el tato ha opinado demostrando que no hay medida cuando se nos calienta la boca, las redes sociales están llenas de hijos de puta, sentencia aquí el intelectual especializado en el taco para el aplauso de tasca.

Al final casi todos terminan claudicando con la boca pequeña. Ya hay leyes para todo, pero siempre se pueden retorcer, hacerlas temáticas y si se tercia redactar una al gusto. A la carta si es necesario. Todo es ponerse.

¿Y lo guapo que será buscar el código penal y que exista una versión azul exclusiva para tuiteros?

 
   

¿Quién se puede negar ante un enemigo tan perverso y tal ambiguo como «los gigantes»?

Político regulando internet

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