Esto no va de fútbol

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Esto no va de fútbol

Esto no va de fútbol. Viñeta del 12/06/2021 en CTXT

Parece que fue ayer cuando poníamos el grito en el cielo porque en un acto de autonepotismo un cerro de políticos y cargos públicos, entre los que se encontraban jerifaltes militares y hasta guardias civiles, se saltaban la cola de vacunación contra la COVID-19.

Yonquis de los privilegios

Ahora que el gobierno cuela a unos futbolistas, pasándose el plan de vacunación por el forro y encima atendiendo a sus caprichos, resulta que cualquier queja o crítica al respecto obedece a una suerte de antiespañolismo furgolero cutre porque nos representan a todos.

Esto no va de fútbol

Encima nos dicen que la vacunación es una decisión “tremendamente importante y necesaria“.

Pues mire usted, no. Representarán a España en lo que respecta al juego en cuestión, poco más.

No representan en absoluto en ningún otro aspecto al conjunto de paisanos que atienden a sus obligaciones.

Entre ellas se encuentra el respeto al orden de vacunación basado en criterios sanitarios y científicos directamente vinculados con la misión de acabar con la pandemia.

 
   

No es el fútbol, es la mierda de siempre

Desde el gobierno siguieron defendiendo, sin más argumento que un árido “porque sí”, que esto no se trataba de un asunto privilegios. Hasta Pedro Simón aseguró que era “una excepción de interés” porque “no estamos hablando de unos partidos de fútbol cualquiera”. Bienvenidos a Catetolandia.

Esto no va de fútbol

Una viñeta de 2010

Un jodido juego ha convertido por arte de magia a sus millonarios participantes en trabajadores esenciales. ¡Qué digo! Superesenciales. Olviden cualquier otro grupo de riesgo que pueda tener prioridad, vacunar futbolistas pasó a ser urgencia y asunto de Estado. Que estos tipos no pudieran jugar la Eurocopa era la mayor de las amenazas a la que nos enfrentábamos como sociedad durante esos días.

 

Se supone que se había establecido un orden de prioridades por razones de riesgo y edad, y se supone que estaba basado en ciertos criterios de igualdad. Así se ha ido vacunando con la excepción de algunos casos de corruptos e insolidarios señoritingos, o como quiera usted llamarlos, que han tirado de influencias para colarse.

El día 10 recibí la primera dosis de la vacuna. Como cualquier hijo de vecino, no elegí la marca de la vacuna o la fecha ni el lugar o la hora.

Aunque era mi turno, se había retrasado ya mucho con respecto al calendario por edades y no necesitaba saber nada más. Tuve que hacer una cola al sol. Allí se congregó un buen montón de personas que habían pedido la cita por internet junto a otras que habían sido citadas por teléfono. Unos tenían hora y número de orden para vacunarse y otros sólo hora, así que en principio se formó un pequeño lío sobre el orden de entrada. Nada de esto me importó, hubiera esperado una hora más, dos, o las que hubieran sido necesarias.

A estos tíos les han llevado la vacuna a la carta como el que la pide al servicio de habitaciones de su hotel de once estrellas, solo les faltó exigir que se la pusieran con una jeringuilla diseñada por Louis Vuitton. No vuelvan a decirme que estas son las personas que me representan

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