La noche que me plagié

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La noche que me plagié

Todos tenemos secretos y hay cosas que es mejor no confesar.

Hoy he decidido contar, con spoiler de entrada, una anécdota profesional algo tonta, pero embarazosa, aprovechando que estos días se está hablando de plagio, chapuzas gráficas y otras vainas a cuenta del cartel ese de la playa, del que ya he dado debida cuenta en una parrafada que he dejado programada por pretensiones vacacionales.

Hace un tiempo indeterminado, no es cosa de dar muchas pistas, durante una de esas noches típicas de artista atormentado enfrentándose a la angustia de la hoja en blanco, apareció la musa de guardia y me escupió una idea.

Pasada la euforia inicial por terminar pronto, cuando estaba dándole «otra vuelta» (esto es siempre obligatorio, varias veces), no solo me empezó a parecer una idea tirando a regulera, es que además me sonaba mucho. Seguro que la había visto antes.

Ante la duda me dispuse a hacer una búsqueda y su correspondiente rebúsqueda porque estaba convencido de que otro colega ya había dibujado algo igual en el pasado. No pude encontrarla.

Como la noche avanzaba y las ideas no sobran en este tarro, me atusé el foulard y la aboceté por si no conseguía parir una alternativa antes de que los gallos empezaran su concierto básico.

Finalmente la dibujé y envié a destino. La vida siguió como acostumbra y esa noche pasó al olvido.

Muchos meses después descubrí que aquella viñeta no la había hecho otro dibujante. La había hecho yo y por eso me sonaba tanto. Me había plagiado a mí mismo. Apareció buscando otra cosa, que es como aparece casi todo lo que se pierde.

El cliente nunca lo supo, supongo. Como supongo que nadie se las encontró juntas o si lo hizo no le dio importancia. La única «suerte» es que se trató de una de esas que pasan casi desapercibidas.

Ahora hay dos viñetas (puede que más) casi idénticas hechas con una diferencia de unos cinco años. Les invito a cazarlas. Tarde o temprano alguien las encontrará y pensará: «mira el listo este revendiendo un autoplagio».

Esto no es algo excepcional, lo he visto en muchos autores. De entre los que llevan más tiempo trabajando, con miles de viñetas a sus espaldas, se puede decir que casi todos se han «revisitado» alguna vez, voluntaria o involuntariamente.

Hasta aquí la anecdotonta que emocionó a nadie y que podría haber contado en menos de un párrafo, pero que mi tendencia por la redacción churrigueresca me impidió servirles de una forma más ligera.

Juan Ramón Mora. Dibujante descendiente del fanzineo. Ilustración satírica y humor gráfico para medios de todo pelaje. Las opiniones no se negocian.

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