Silencio administrativo

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Silencio administrativo aplicado a la solicitud del Ingreso Mínimo Vital

 

Silencio administrativo

No es mi negociado, ni podría explicarles los fundamentos jurídicos de esta entrañable y en ocasiones repulsiva figura del silencio administrativo. En su día me limité a satisfacer mi curiosidad por sus orígenes y evolución que pueden ustedes descubrir en distintos textos de personas que saben de la materia.

Lo que sí puedo decir, tirando de simplismos comparativos, es que es como el colesterol. Está la callada buena y la mala. La buena, a obeso modo, es la que beneficia al que la recibe. Esto es, si no te contestan en un plazo X se da por aprobada la cosa que pides.

El silencio administrativo «malo» o negativo es justo lo contrario. Es la potestad de una administración para pasarse por ojal eso de contestarte una vez transcurrido el plazo que consideren. Cumplido este, sea lo que sea lo que hayas solicitado, estará denegado sin debate ni discusión. Aunque cabe recurso, te habrás comido la espera y la callada por respuesta sin derecho a una explicación de dónde estaba el error, el motivo para el rechazo o cualquier otro detalle relacionado con el procedimiento  sin resolver.

Silencio administrativo

Silencio administrativo que te puedes comer después de tres meses si has tramitado ya el Ingreso Mínimo Vital. Da tiempo sobrado a que el solicitante haya perdido sus constantes vitales.

El silencio administrativo negativo aplicado a determinadas gestiones, como puede ser en la solicitud del Ingreso Mínimo Vital, es el máximo exponente del despotismo legal de la maquinaria paquidérmica del Estado.

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