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Urbanitas de izquierda

 

Cuando en 2011, el PSOE apoyó que se aprobara por la vía de urgencia la reforma de la Constitución para limitar el déficit público, sin la opinión y/o participación del público dije esto:

A un borrego del PSOE se la pueden meter hasta que le salga por la boca, que seguirá diciendo que es la lengua.

A más de uno le sentó regular, quizá por lo crudo de las formas, pero es la dramatización de lo que siento cada vez que me cruzo con las hordas de militantes o simpatizantes acríticos y sumisos que son incapaces de enfrentarse a contradicciones e incoherencias propias, pero pelean como pollo sin cabeza contra las ajenas.

Son miembros activos de una religión conocida como los «No es lo mismo».

Y esto es lo que lleva ya tiempo pasándole a demasiados seguidores de Podemos. Pueden llegar a justificar cualquier cosa. Incluso que, desde lo público, se aprueben e impongan medallas a objetos inanimados.

«La medalla a la Virgen de Cádiz es una decisión muy laica»

 

Palabras de Pablo Iglesias.

«Admito que cuando me enteré no entendía nada y tuve que llamar a Kichi para que me lo explicara».

Ni él, ni nadie entiende nada, salvo los capillitas que no saben de otra cosa que de injertar vírgenes, cristos y santos en cualquier recoveco de lo público.

«Para alguien de Madrid suena raro y no encajaría en otros ayuntamientos que gobernamos. Pero él me convenció».

Ya saben, Madrid, ese país de Oceanía al que no llegan noticias sobre pequeñas aldeas de la Europa mediterránea.

«Me habló del carácter de dignidad popular que significaba esa Virgen y que en una ciudad como Cádiz, con esa tradición anarquista y liberal, esa Virgen, tan vinculada a las cofradías de pescadores, no va unida al conservadurismo que nos podría parecer desde fuera»

No es lo que parece, son cosas de pescadores anarquistas y liberales y otros asuntos relacionados con la dignidad popular.

 
   

Yo creo que Kichi lo ha manejado de una manera muy laica en el sentido de que se trata una muestra de respeto a los sentimientos populares demostrando que hay que convivir con distintos pareceres y tradiciones».

Todo muy laico porque patata y sentimientos. Esto bien podría haber sido dicho por Jorge Fernández Díaz, Juan Ignacio Zoido o el mismísimo Josemaría Escrivá de Balaguer.

Urbanitas de izquierda

 

«Los urbanitas de izquierda tenemos que aprender a respetar esas tradiciones tan arraigadas en el pueblo»

 

Y por fin, mi parte favorita, los urbanitas de izquierda. Esa nueva especie mutante de ilustrados nacidos y crecidos en urbe capital, entre hormigón y neón. Rodeados de enciclopedias, cafeterías cuqui, bicicletas de diseño, modernidad y vanguardia.

Urbanitas de izquierda que miran las cosas del pueblo de lo profundo de padentro del interior con asombro. Urbanitas de izquierda que, machete en mano, se adentran en la jungla para descubrir un nuevo asentamiento de aborígenes que dicen que se llama Cádiz.

Urbanitas de izquierda que creían que más allá de los límites de la M-30 se encontraba el precipicio donde terminaba la tierra plana.

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