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15M ¿Cuatro gatos?

 

15M ¿Cuatro gatos?

Ayer fue un día largo para mucha gente para otros aún,  no ha terminado. Allí siguen acampados.

Desde el mismo día las acampadas se reproducen en muchas otras ciudades. Tenía que pasar.

Participé en la manifestación «15M Toma la calle»,  en una ciudad donde no conozco a casi nadie aunque eso era lo de menos. No fuimos  miles pero nos hemos sentido muchos más desde el primer minuto.

Enseguida se sabía que en otras ciudades las manifestaciones de Democracia Real Ya estaban siendo muy secundadas.

No se han visto cámaras y micros de medios  públicos, autonómicos tampoco. Igual no recibieron la nota de prensa por el conducto reglamentario, a veces pasa que  se queda el fax sin tinta o se dejan mal colgado el Twitter en la redacción. Otra causa muy probable es que no dieran ni dos duros por la respuesta de la gente a la llamada de tomar la calle.

Pero hoy han perdido mucho más que dos duros. No tanto por la «timidez» en la cobertura, más bien por su centralismo. Mientras en Madrid se quemaban cuatro contenedores y se producían algunos disturbios con palos al manifestante que pestañeaba, en el resto de casi 50 ciudades  se desarrollaban marchas sin incidencias más allá de la fiesta, la celebración multitudinaria y la protesta.  Pero en este país se produce un efecto curioso, para muchos las manifestaciones son siempre sinónimo de problema, violencia, disturbios sociales y no síntoma de salud democrática como debiera.

Es el principio de proporcionalidad de muchas empresas de comunicación, venden y desinforman más las imágenes de acción con hostias, que las de gente unida. Internet ha tenido esta vez un papel determinante para mitigar ese efecto.

A la vuelta  he encontrado  los mismos argumentos de siempre , los que  además de llevar el inmovilismo en el ADN lo quieren contagiar y pintan toda iniciativa que se salga del esquema de su fórmula  «7 x culo 28, me llevo dos» como una derrota o un beneficio para el  que consideran su enemigo político de siempre, nada nuevo, se entiende que no han conseguido alejar sus fantasmas.

Tampoco hace falta alarmarse, dentro de nada muchos de ellos serán también de los que digan «yo estuve en la primera».

 
   

El voto

Se podría discutir mucho sobre asuntos relacionados con las movilizaciones ciudadanas, pero no hace falta, la respuesta siempre está en la acción. Solo hay que hacer especial mención a los que aún insisten en localizar cabezas visibles a un dragón que no existe, en ponerle nombre, apellidos y las siglas de un partido al todo y la nada en que se ha convertido la unión natural de la fuerza de distintos movimientos. Ahí está su éxito sin precedentes.

Estos son los que, además, aprovechan para insinuar que el sagrado voto  está siendo amenazado por estos colectivos, que se han unido para violarlo y negárselo al resto de la ciudadanía. Es imposible que entiendan que su derecho al voto no disminuye porque otros pensemos que los cambios son posibles y necesarios.

Y así sea, ya he votado, ha sido por correo y ha sido a un partido minoritario, porque un voto es solo una confianza temporal, no es para cuatro años como todo el mundo insiste en hacerme creer. Si mi opción se corrompe en tres meses volveré a salir a la calle, o lo que en ese momento proceda, para que sepan que lo han perdido, con todas sus consecuencias.

Siempre he votado, en todas, municipales y generales y en el referéndum europeo.

Incluso en las generales 14 de marzo de 2004, tras currar todo el día horas en la cobertura de la jornada electoral tuve que recorrer 272 Km  (Antequera -Estepona, ida y vuelta) por un error en el censo electoral que situaba mi domicilio en otra ciudad.

A falta de menos de dos horas para el cierre de las mesas tuve que salir  corriendo para votar, escuchamos los primeros resultados en la radio del coche de vuelta a casa.

Al tiempo supe que aquel día me había equivocado con la opción elegida, pero no con el viaje.  Igual que hoy he notado en las caras de la gente  que sabían que no se equivocaban tomando la calle.

Por eso, hoy estuvimos en la primera. Y nos veremos en las siguientes.

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