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Comisionistas. Viñeta del 10/04/2022 en CTXT

Alberto Luceño, fue el jeta que se encargó de la ñapa de la venta del mascarillas y otros artículos al Ayuntamiento de Madrid por la que se embolsaron casi seis millones de euros en comisiones en tres contratos de material sanitario.

Lo más cachondo de todo esto ee presentó como «experto en importación de productos procedentes del mercado asiático» todo rollo macabeo, claro, y aseguró que su deseo era «colaborar en la lucha contra la pandemia». (1)

Y ya saben lo que hicieron Luceño y su colega, Luis Medina, inflar los precios para llevarse cuanta más pasta mejor. Según la Fiscalía, «un elevado porcentaje del precio ofertado» por los productos «correspondía a comisiones que los querellados iban a percibir». Para más señas, un 60% en el caso de las mascarillas; el 81%, en los guantes, y casi el 71%, en los test. De hecho, el precio de las mascarillas se engordó «artificialmente» hasta situarse en un 148% por encima del precio real del producto. 

Todo ello facturado a través de una sociedad de la que Luceño es administrador único.

Así, Luceño se metió en la saca cinco millones de euros con los que se compró tres Rolex, ocho carros de los muy caros, en los que se dejó más de un millón de euros, y una propiedad en Pozuelo de Alarcón, que también supera el millón con espacio suficiente para aparcar los carros. Otro cacho de la mordida se lo fundió en fiestas para celebrarlo.

Luis Medina, hijo Nati Abascal y el duque de Feria, se hizo con un kilo de billetes. Se gastó 325.000 euros en un yate modelo Eagle 44 de nombre «Feria» en honor al elemento de su padre e invirtió otros 400.000 en dos bonos bancarios. Al poco de conocer que estaba imputado por estafa y blanqueo se marcó un Juanca y se piró de España, el 25 de abril tiene que declarar.

Para más risas, al ir a embargar sus cuentas resulta que su saldo no llega a 250 euros. (2).

Mucho se está hablando y escribiendo de estos dos pijos trápalas y no lo suficiente de los que tenían que haberse dado cuenta de la estafa y que ahora dicen que no se coscaron porque, claro, aquello «era una jungla» (3). Nadie reparó que las cifras del contrato con los pijos eran muy superiores a las de las compras que estaban cerrando otros ayuntamientos.

Fueron las entidades bancarias donde se ingresaron las mordidas las que denunciaron y alertaron a la Fiscalía. La investigación arrancó en noviembre de 2020. (4).

Cuanto más se sabe, más huele a mierda. Almeida ha pasado de negar la mayor y desdecirse de cuando dijo que nunca había hablado con los personajes en cuestión a decir que sí, pero solo para agradecerles una «donación».

Y entre todo el ruido nos hemos olvidado de Carlos, el primo de Almeida, que solo pasaba por allí por una de esas carambolas casuales de la vida y tal. Cosas que pasan.


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