El mundo de Escrivá

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El mundo de Escrivá

José Luis Escrivá, ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones del Gobierno de España desde 2020, dice que en España falta un «cambio cultural» para trabajar más entre los 55 y los 75 años. En una entrevista al diario ARA argumenta que lo de jubilarse a los sesenta y lo que sea es «una anomalía europea»:

«En estas edades, por razones demográficas y de calidad de vida, se puede trabajar más. Y España es una anomalía europea: no solamente no seguimos esta tendencia sino que reducimos la proporción de mayores de 55 años en activo».

A la vista de las reacciones, poco después aseguró que sus palabras se habían “sacado de contexto», que es el comodín típico de cuando escupes al cielo e intentas que no te caiga en la cabeza. Es más, cuando se apela al contexto a bulto como excusa sin matizar nada también se está llamando tonto al lector en un intento final de desdecirse.

Ni una palabra del estercolero que es nuestro mercado laboral, aquí de lo que se trata es de construir un discurso envenenado basado en interpretaciones caprichosas de datos macroeconómicos europeos al tiempo que se esconde bajo la alfombra toda nuestra mierda. Y como vivimos más, pues a trabajar más. Pero no un poco más, hasta la muerte.

Una vez más, el argumento central, propio del capitalismo salvaje, es el del crecimiento sin límite y si algo tiene que petar por el camino, que seas tú.

No importa el gremio en el que te partas el lomo, Escrivá pinta a todas las personas de más de 70 años como a esas que aparecen en los anuncios de publicidad de las pensiones privadas o en la de los resorts de lujo; joviales, despreocupadas y sonrientes y con aspecto de tener cuarenta años menos.

Lo que Escrivá llama «cambio cultural» encierra otro insulto al obrero, entrelíneas está sugiriendo que somos unos flojos por tradición y tiene mucha relación con esa mierda que algunos llaman «cultura del esfuerzo» cuando en realidad quieren decir «tortura permanente».

Enseguida han aparecido algunos de esos chupópteros acomodados, que han usado sus influencias desde lo público para amasar un patrimonio gordo, a intentar hacernos creer que esto es algo relacionado con la libertad del obrero de extender su vida laboral.

Nada más lejos de la realidad. El mundo en el que vive el ministro Escrivá y todos estos neoliberales disfrazados de supuestos reformistas progresistas no tiene nada que ver con el del obrero común y resulta bochornoso tener que recordar esto, por obvio.

Los que se lo dirán claro serán los integrantes del Movimiento de Pensionistas que ya han anunciado movilizaciones en octubre y noviembre para protestar contra la reforma de las pensiones, que describen como «miserables».

El movimiento considera que la reforma «perpetúa unas pensiones mínimas miserables, cambia de nombre el Factor de Sostenibilidad manteniendo su esencia de precariedad, y deja la puerta abierta a la privatización del Sistema Público de Pensiones (SPP) y a nuevos recortes».

 
   

Gente como Escrivá no es más que otro de los muchos enemigos del pueblo que terminan sentándose en posiciones de poder usando una falsa promesa de bienestar, uno de tantos de los que dibujó Quino.

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