Grandes superficies

 

Grandes superficies

Traducción por Mariposa:

aleman.gif -Vorher befand sich hier eine große Fläche.’

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Llega un correo con el relato de una reclamación a Hipercor, la persona que lo envía me pide que haga algo con él, me limito a publicarlo sin tocar ni una coma ya que se ha tomado  la molestia de escribirlo además de adjuntar la contestación de la empresa.

Los ladrones no son gilipollas (salvo los que cuelgan en Youtube el vídeo cometiendo el delito a cara descubierta ) ningún chorizo se va con una tarjeta de crédito recién mangada a un supermercado a comprar una barra de pan.

A las grandes superficies les importa un rábano nuestra seguridad, sólo se preocupan por no perder ni un céntimo al cierre de las cajas, si no que le pregunten a cualquier cajera que se limita a aplicar las órdenes de los que mandan.

Muchos pensarán que no tiene sentido discutir por lo la tontería de mostrar o no mostrar el DNI a una cajera en una compra, pero la cajera de una tienda o el encargado de una tiendecita como El Corte Inglés no tiene entidad legal alguna para obligarte a que te identifiques cuando de una cantidad tan ridícula se trata.

De este relato extraigo un par de reflexiones motivo de debate, el tiempo que tardan en darte el nuevo DNI electrónico por el sistema de la cita previa que puede oscilar entre una semana y más de un mes dependiendo de la comisaría donde se haga el trámite. Ya no existe la figura del «resguardo» que tenía validez legal.

Desconozco si pueden negarse a venderte lo que quieras comprar en caso de no poder mostrar el DNI original, como es el caso del siguiente relato.

Sea como sea este tipo de supermercadillos no me despiertan ninguna simpatía.

Los encargados y supervisores, en ocasiones, actúan con una altivez y un gilipollismo más propio de un mediocre con ínfulas de policía con reacciones insultantes que demuestran una falta de tacto más que evidente en el trato con el público.

Me parece razonable que se aseguren que esa tarjeta pertenece a la persona que la usa, desconozco los detalles del «encuentro» entre la protagonista y la cajera pero lo que no es de recibo es que te sugieran que tú puedes ser el falsificador o incluso el que puedes haber robado esa tarjeta.

No suelo visitar estos grandes mercadillos más bien  poco, tirando a nada, siempre he preferido la tienda del barrio, aunque sea un poco más cara, al tendero, que no está todo el día puteado por siete gallifantes inútiles le basta conocerme de vista para no desconfiar de entrada.

Que cada cual piense lo que haría en una situación como esta, me limito a exponerla. Gracias por enviarla.

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Es por su seguridad…por eso, le presumimos que es usted un delincuente

Curioso es lo que me pasó hace unos días en el Hipercor de Granada, y más curiosas son las explicaciones que me dieron. No sé, siendo sinceros, si perdí la cartera o me la robaron, el caso es que el incordio de esta situación, no es dinero que te desaparece, sino que te quedas sin ningún tipo de documentación. Y como todo el mundo sabe, ahora tendrás que renovar tarjetas, dni o el carné de conducir, y como siempre en España, y desde que Larra escribiera su artículo de  “mañana”, toda la burocracia tarda. Unido a que si estás en una ciudad que es no la tuya, la cosa se complica aún más.

Relato completo

Así, que después de un mes de que me quedará sin menos papeles que un patero, y poner mi correspondiente denuncia, más que nada para evitar males mayores, no por albergar esperanzas de recuperar nada de lo perdido en extrañas circunstancias, y sobre todo porque es un documento oficial que acredita mi condición de víctima, con la misma validez que el DNI o el carné de conducir, mientras que lo consigues, según me dijo el policía nacional que me tomó declaración.

Mi vida cotidiana no se podía parar, así que como ser del siglo XXI, nunca llevo dinero en metálico, y yo sin mi tarjeta no soy nadie, así que insisto, después de llevar más de 30 días comprando con cierta regularidad en este templo del consumismo con la tarjeta, mostrando a la cajera la denuncia, incluso, la tarjeta de picar el curro de un organismo público, con foto y número de DNI, nunca tuve ninguna pega hasta que una cajera, me dice que sin el DNI no puedo pagar.

Bueno, bueno, con la Iglesia hemos topao, le explico que lógicamente no se lo puedo enseñar, porque aún no he podido sacarme de nuevo el documento de identidad porque la cita me la han dado para el mes próximo. La señorita me insiste, por tercera vez, se lo explicó y ná, no se quiere enterar. Entonces, le digo que llame a una supervisora, y la buena mujer, viene después de 5 minutos.

Mi paciencia empieza a desaparecer, y le digo que legalmente los únicos que me pueden pedir la documentación es la policía. Pero ná, parece que las leyes no le interesan, así que me dice que me lo piden por mi seguridad.  Aquí sufro un proceso de renderización, como los ordenadores, le digo que lo dudo porque para velar por mi seguridad ya estoy yo, mi familia y mis amigos, en todo caso, será por la de los dueños del Hipercor, ya que si se hace un uso un fraudulento de las tarjetas, el banco se suele echar atrás, y ellos pierden los productos que se hayan adquirido de esta manera más el dinero en metálico, porque la entidad financiera no se lo paga. Pero que no obstante, lo primero que se hace es llamar para anularlas, y que el seguro que tienen lo cubren. Pero ná, de repente le da por cuidar por mi dinero, y me sigue insistiendo que sin el DNI no puedo pagar.

Le vuelvo a enseñar la denuncia, en la que consta mi número de identificación, y que compruebe si los datos de la denuncia, la de la tarjeta del trabajo, y los de la tarjeta de Bancaja coincide, pero ná. Como mis argumentos parecen acorralarla, ahora me sale con que la tarjeta de débito no está firmada, de nuevo, renderizo, y le digo que si el problema es si la tarjeta no está firmada, pues, se la firmóo Pues ná, ahora me dice que como yo tengo la denuncia, puedo haber aprendido a falsificar mi firma. Y ya no me da la gana de pagar en efectivo.

Mi cabreo llegados a este punto me supera, y de malos modos, le digo que ya no quiero ná, y que ahora se entretengan en colocar la compra otra vez en su sitio, y que es increíble lo que me estaba pasando.  Mientras, la cola de la caja iba creciendo,  y los clientes del Hipercor flipando en colores. Después de 15 minutos de estéril discusión, decido pedir las hojas de reclamaciones por el trato recibido. Pues no acaba el surrealismo, crece hasta puntos insospechados.

Ahora la encargada de atención al cliente me pregunta porqué la quiero poner, de manera calmada, intento explicarle lo sucedido y que me parece ridículo que quiera pagar y no me dejen, y que si quisiera robar no me hubiera llevado una compra de 36 euros, sino que hubiera comprado un televisor, por lo menos de plasma. Pues ná, la buena profesional me dice que ella lo entiende, pero que las normas son las normas (durante un mes éstas parecen que estas fueron olvidadas), y que no puede hacer nada por mí.  Mi indignación sigue en aumento, y le contestó que si quiere voy casa por casa de los choris granainos a ver si recupero mi cartera, pues ná. Y para intentar calmarme me dice que supone una molestia para mí no poder llevarme las cuatro cosas para cenar que vaya a un cajero.

Te lo puedes imaginar, mi paciencia  pasó directamente a mejor vida, así que mi respuesta, es: …qué curioso, ahora sí era mi tarjeta.  Y mientras tanto, le recuerdo que si están amable de darme las hoja de reclamaciones, que ya está bien, de intentar tomarme el pelo. Pues ná, ahora me dice, que tiene que venir el jefe de atención al público y que este hombre me acompañará, y yo le preguntó a qué, si lo único que tienen que hacer es dármela. 10 minutos después, no aparece ni el Tato. Con lo que ya estaba que me subía por las paredes, así que le digo que ya volveré pero que ya estaba bien de hacerme el perder el tiempo, casi una hora para ná.

Me marchó, pero le amenazó con que ya volveré el lunes, y como buena cabezona que soy, volví. Vuelta a empezar, pero esta vez, ya directamente le digo a la supervisora que no se le ocurra hacerme perder el tiempo, y que se ahorrarán las explicaciones surrealistas, y que si no me daban la hoja de reclamaciones inmediatamente que llamaría a la policía porque se negaban a dármela.  Reacción inmediata, y ya por fin, vino el encargado de planta, ya no era una delincuente, sino una auténtica pretty woman. Tal fue así, que le dije que me diera ya, de una vez por todas la hoja de reclamaciones, que dejará de pelotearme, que igualmente le iba a poner la hoja.  Y después de un buen rato de pura amabilidad, y echarle la culpa a sus compañeras, que desde luego, se equivocaron en las formas, y de pedirme mil disculpas, la rellené, con él allí encima.

Le sacó fotocopia a la denuncia, que según él, yo podía haberme inventado lo que allí decía, porque claro, no tenía nada mejor que hacer que irme a una comisaría, y perder otra hora para inventarme una historia para cuando fuera a comprar la cena  al Hipercor tendría una excusa para no enseñarles el DNI. Se la di, mientras que le decía, de que era consciente de que no serviría de ná, pero que, al menos, quedará constancia, de que ello estaban, por encima, de los derechos de los consumidores, y que habían perdido un cliente, y que a toda la gente que pudiera le iba decir el trato exquisito que me habían dispensado.

A los pocos días recibo mi carta certificada con las explicaciones que consideran pertinentes. Lo sentían, pero que ellos, tan sólo habían velado por mi seguridad. Sí, para ello, me trataron como una delincuente, me dejaron sin cenar, y mi hicieron perder de mi tiempo una hora y media: era por mi seguridad.


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7 comentarios en «Grandes superficies»

  1. hola quiero decir q estoy en total desacuerdo con el relato aki narrado, esta clienta deberia estar agradecida xq ninguna cajera ni supervisora sabe con certeza si la persona q entrega esa tarjeta es la verdadera titular, imaginese usted q la cartera la ha perdido y aun no se ha dado cuenta y alguien la coge y antes d q usted anule las tarjetas va y esta persona compra y la entrega al pagar, si no se pide el dni pues ya esta pagando alguien q no es usted.POR LO TANTO ESTA CAJERA ESTA VELANDO X SU SEGURIDAD, Ademas amparada x pruebe usted en cualquier otro lugar a pagar sin dni y vera como tampoco se lo aceptan, eso es una norma, y ya puede ser el siglo XXI o el tercer milenio q no llevar dinero en efectivo es un atraso mas q un adelanto, hay muchos establecimientos dnd no hay para pagar con tarjeta, asi q lleve usted algo d efectivo y no tendra este tipo d problemas. y si en ese mismo sitio le habian cobrado antes sin dni lo estaban haciendo mal y es a esa a la q le tendria q poner la hoja d reclamaciones xq yo como consumidora agradezco q se me pida mi dni, es mas lo EXIJO y kien no lo hace no hace bien su trabajo, la contestacion q le dan en el centro es la mas logica y coherente, pienselo, ojala en todos los sitios se preocupasen tanto x nuestra seguridad, agradecido tendria q estar a la cajera q total a ella q mas le da , lo hace x su bien y x seguir las normas. y si perdio tiempo en el tramite es x no saber entender la dinamica d la vida y no llevar efectivo

  2. Sólo una cosa… Si en lugar de pedir cita previa, vas directamente a la comisaría y sacas número, tienes el DNI en un máximo de 2 horas. Pierdes dos horas, pero tienes el DNI en el mismo día. Y al menos aquí en Vigo, abren mañana y tarde.

    Saludos.

  3. Esta chica es un poco exagerada. Tiene que entender que los trabajadores tienen unas normas y que si no las cumplen después son sancionados. A mi mi jefe me dice que sin DNI/pasaporte/permiso de conducir no puedo cobrar con tarjeta y punto. No arriesgo mi puesto de trabajo.

    Lo que no me parece bien es que mareen la perdiz a la hora de poner una reclamación.

  4. Pero, que cínicos, ni la poli americana. Y lo que liaron para que la persona que le paso esto no les pusiera la hoja de reclamaciones, y lo curioso, es que llevaba ya un mes de compra. Esto suena a surrealismo a todas, todas. Yo ya no pienso ir, vaya que me detengan por abrir un paquete de papas.

  5. Hola,

    Hace unos cuantos años viví una situación parecida. Los fines de semana quedábamos con los amigos para tomar algo en el parque, un grupillo de diez chiquillos y chiquillas que estábamos en nuestra plena esplendor juvenil. Siempre íbamos a comprar a la misma superficie comercial situada al lado de ese parque. Lo más fuerte que comprábamos era alguna lata de cerveza. Digo alguna porque sólo alguno de mis valerosos amigos se atrevía con aquella bebida que muchos de nosotros veíamos como excesivamente agria (aún no sabíamos lo que podía tener de bueno ese sabor). Además no combinaba demasiado bien con nuestros paquetes de bollycaos y de donettes.

    Un día cuando estábamos comprando, notamos una extraña presencia que nos observaba. La oscura figura se movía sigilosamente entre las estanterías pero nuestra audacia permitió deducir claramente que vigilaba, desde lo lejos, pero detalladamente nuestros movimientos. Así que prácticamente sin mediar palabra entre nosotros, pusimos en práctica un astuto plan. Nuestro grupo empezó a aumentar la velocidad y de repente nos dividimos. La oscura figura decidió seguir al grupo en el que yo estaba. Seguimos nuestra tarea de compras, pero en breve, volvimos a dividirnos. Mi sorpresa fue cuando la figura nos continuó siguiendo. Los grupos que se habían desprendido hasta el momento de la persecución, observaban desde lejos y entre sonrisas aquel curioso juego que habíamos establecido con la figura oscura. Al poco, y habiéndome quedado como único participante del encuentro contra la figura, esta optó por crear una nueva norma, así que se me acercó y me dijo: «Por favor, puede acompañarme?»

    A lo que le contesté: «A dónde?». Había llegado mi momento, ganaría un premio! Sabía que ese juego iba a tener un final feliz, pero su respuesta me desconcertó.

    -Acompáñeme a la salida y salga inmediatamente de la tienda – dijo en tono chulesco.

    -Pero que he hecho, cual es el motivo por el que quiere usted echarme?

    Él se limito a repetir su intervención anterior. No me gustaba esa nueva manera de jugar que había impuesto la oscura figura. Bueno en aquel momento ya le había puesto cara y cuerpo, y que no era más que un tipo rechonchete al que le habían dado un uniforme de guardia de seguridad que le había transformado en un ser autoritario y despiadado. Me planteé la manera de darle la vuelta a la situación mientras acompañaba a ese personaje a la salida. Mis amigos sorprendidos y enmudecidos, pasaron a formar parte de la comitiva, siguiéndonos a unos pasos de distancia. Hasta llegar a la salida donde les pregunté:

    – Perdone, me podría indicar dónde puedo encontrar al encargado de la tienda?

    – Allí si quieres – me respondió entre risas mientras me señalaba un mostrador cercano en el que ponía «Atención al cliente».

    – Me puede dar una hoja de reclamaciones? – le dije a la chica del mostrador. Muy amablemente me dió un bolígrafo y una hoja con el título «Sugerencias y reclamaciones». Me giré hacia nuestro compañero de juegos y le dije…

    – Por favor, me puede decir su número de licencia y/o su nombre?

    La cara se le cambió de golpe, y perdió esa macabra risa que permanecía en su boca desde que le pregunté por el encargado. En un cambio de actitud, con tono suplicante me empezó a decir:

    – Perdona, pero es mi trabajo. Yo no quiero tener problemas, sólo hacía mi trabajo.

    Mi mente en aquel momento se debatía entre el niño cruel i el responsable, así que le volví a pedir el nombre. El hombre empezó a decir su nombre. Mientrastanto yo escribía: «Tengo derecho a mi intimidad y a no vivir sintiéndome vigilado». Olvidé voluntariamente poner los datos de nuestro hombre. Entregué la hoja a la señorita del mostrador y volvimos a entrar a la tienda.

    Aquel día, como otros posteriores, seguimos comprando en aquella superfície comercial. El guardia nos veía pasar por delante suyo sin podernos perseguir. Seguramente nos vigilaba a través de sus cámaras esperando que algún hurto, por pequeño que fuera justificara su actuación, aunque nunca lo pudo conseguir.

    Salute!

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