Lechones 2.0

 

Lechones 2.0

Lechones 2.0

Al poco de ponerse en marcha aquella campaña en la que se regalaba un dominio .es por un año desembarcaron en la blogocosa una cantidad ingente de nuevos blogs con gente muy joven al mando.

Todos esos blogs se unieron a los que se habían abierto con el estallido del efecto dominó de la moda impuesta de tener un blog.

Es divertido observar como algunos nuevos bloggers recuerdan a aquellos imitadores de los yuppies de los 80-90 que se compraban un traje y un maletín, salían a la calle a comerse el mundo y se sentaban en un banco de cualquier plaza del barrio con una birra de litro para quince a esperar que el éxito les cayera del cielo.

Mucho de lo que se pueden leer en los blogs de algunos lechones 2.0 no son más que textos «engolados», mensajes que seguro no expresarían en el mismo tono y forma de tener que hacerlo de viva voz ante las personas a las que se dirijen o sobre las que escriben, pero se supone que había que iniciarse de alguna forma en esto tan traído de la «democratización digital» y «la expansión de la blogosfera».

No pasó mucho tiempo para que muchos se dieran cuenta de  que no todo el mundo tenía la necesidad obligatoria y vital de contar lo que sea con periodicidad, algunos ni la inquietud siquiera.

No todos lo entendieron como un medio personal de puta madre para beber de millones de fuentes para compartir y aportar a medida que se iban absorbiendo conocimientos y experiencias.

Creyeron que  bastaba con pinchar en el botoncito de publicar para que sonara el timbre y al abrir alguien les plantara en los morros un contrato millonario para llevar el contenido de su blog a Hollywood y que no habría televisión, radio, periódico o top que no citara, día sí y día también su opinión sobre la comunión del primo Paco que acababa de postear.

El resto sería una vida de lujo, de promiscuidad de calidad, coches con tuneos serios de fábrica y todo tipo de caprichos inmobiliarios y estéticos sólo vistos en aquellas series de los viciosos de Miami.

Pasado ese posible espejismo traumático de la «fama» los más cabales (que ni siquiera la contemplaron nunca) siguieron a su rollo asumiendo que la cantidad (numérica) de lectores o visitas acumuladas, premios, influencias y demás luciérnagas a pilas no eran más que una mierda comparándolas con la satisfación de poder escribir, dibujar, fotografiar o grabar y mostrar lo que les salía de las yemas con total libertad.

Y como otros sospecharon, de todos aquellos partos múltiples y prematuros llegaron estos cementerios.


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