Mafia cultural

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Mafia cultural

 

Me han invitado a una reunión «cultural», en una ciudad en la que he vivido casi 14 años y en la que ya no vivo desde hace bastante tiempo, pero ellos no se han dado cuenta aún.

Se trata de una reunión «cultural» típica,  rodeada de ambigüedad con la que fue consejera de cultura de la junta de andalucía, ahora candidata del PSOE a la alcaldía.

He decidido no asistir.

En un pasado, para mí ya lejano, he estado en varias reuniones de este tipo, todas con igual resultado y siempre en precampaña, siempre semanas antes de las elecciones. El resto del año si te he visto… paso de acordarme.

Una de esas reuniones de manual en las que se convoca a «los artistas»  para buscar apoyos locales y prometer predisposición al diálogo,  de paso  presentar proyectos ilusionantes (siempre los llaman así) , eso sí, todo esto antes de ganar las elecciones. Politiqueo magro maquillado.

Nada cambia. Siguen creyendo que cazarán votos entrándonos por el ego monstruoso que gastamos los artistuchos, pero mi actual e insultante estado de independencia ya no me permite volver a escuchar según qué cosas.

Menos aún en boca de los del mismo partido que nos negó un simple apoyo institucional contra la destrucción de empleo cuando se cerró una empresa de comunicación con participación municipal y  un buen puñado de personas se quedaron en la calle.

Bueno, y porque cada vez que escucho o leo «política cultural» o «política de la cultura» sufro unos ataques de cuescos terroríficos, porque no hay cosa más casposa y antinatural que  esos artistoides que palmean sin descanso al político de turno para rascar algo de las arcas públicas o un placita para acomodar nalgas.

Mi propuesta/opinión, incluso sin conocer los detalles de la propuesta de la alcaldable, sería la misma de siempre:

 
   

Acabar de un tajo con ese proceder al estilo de una mafia cultural promovido desde las instituciones, el colegueo y el reparto «familiar» de proyectos, el amiguismo y las subvenciones insultantes y las oportunidades de lucro para unos listos afines, profesionales con solera del  trapicheo «cultural»  tutelado. Y desde un nuevo planteamiento empezar a hablar.

Y esto, además de negarlo, no lo encajarían dicho a la cara, no lo han hecho nunca. Y hay cosas que no cambian porque un pelao de un paso, pero no por ello hay que dejar de darlo. Considérenlo también daños colaterales.

Así que hoy me he quedado descansando, ahora soy el guarro, pero muy agusto en su charca. Felizmente asilvestrado.

Artistas

Mis mejores amigos, los más cercanos, con esos con los que bebo cerveza o me baño en la playa cuando hace calor, con los que comparto confesiones y paella un domingo cualquiera,  son  escultores, historiadores del arte, dibujantes, pintores… artistas. Porque esa es su profesión, aunque aquí seamos unos acomplejados a la hora de decirlo con naturalidad y el término sea usado ya,  por algunos, casi un como un insulto.

Ninguno de ellos es un afamado y mediático creador, ni lo pretende, todos viven ajenos a esa percepción que tiene la mayoría de  «la gente»  sobre el  artisteo y sus cascabeles y panderetas.

Ninguno se vanagloria en exceso ni vacila de colocar un muñeco, hacer una exposición, conseguir un premio o vender una o mil  obras.  Y si  se pudiera meter en un saco todas las calamidades, sacrificios y esfuerzos que hicieron,  deben seguir haciendo y harán, no habría grúa capaz de levantarlo. Pero no van todo el día  penando, ni arrastrando el saco en público.

La flauta sólo suena a fuerza de solplarla y a veces se consigue con los años y algunas carambolas, y es entonces cuando hay que tener el estómago preparado para procesar el empacho, capear la euforia del momento y olvidar tan rápido éxitos como fracasos y pensarse mucho dónde poner el huevo.

Pero hay cosas que son muy difíciles de olvidar, a los que por el camino te ofrecieron una mano sin pedírsela y los que, pudiendo, nunca te la ofrecieron, ni pidiéndola.

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8 comentarios en «Mafia cultural»

  1. Me encanta este post especialmente, y se que es cierto pues tengo varios amigos artistas y todos dicen lo mismo, sólo los llaman pa la foto, antes de la elección y luego si te vi no me acuerdo, has dado en el clavo, enhorabuena!

  2. Es un asunto recurrente y que puede observarse a todos los niveles. Les llaman capillas, capillitas, etc. Por lo general no suele afectar al trabajo de «laboratorio» de los artistas pero si a su proyección pública, encargos, pedidos … Es inevitable pertener a alguna de estas capillas, incluso existe una que integra a todos aquellos que están «excluidos» :-)

  3. Impecable este artículo. Realista como él solo. Triste, por otro lado, pero demostrando un conocimiento y una experiencia de lo que es el artista al 100%. Me temo que esto ha siso así y será siempre así.

    Mis respetos a quienes lucháis a diario por abrirnos los ojos a la belleza del arte (con todo lo que esto significa) y lo hacéis «a pie de obra».

    Y no es que valore al artista por su pobreza, su forma de vida, su soledad, etc… Valoro a quien valora su propia obra y el fuego que le quema por dentro por encima de todo lo que mencionas, por sencima de cualquier sacrificio o penuria.

  4. Algunos se creen que tienen derecho a ser ricos por ser artistas, cuando el artista es por lo general un profesional (o amateur) más.

    Es un mundo extraño… ¿verdad?

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