Acostúmbrese a las despedidas

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Acostúmbrese a las despedidas

 

 

Por donde miro me cruzo gente que pierde su trabajo, hace unos días tuve que consolar a una persona que lloraba porque se sentía derrotada y con miedo a no conseguir un empleo.

Durante todo el año 2012 sólo pudo trabajar durante un mes.

Sí, sigamos haciendo la broma de «la gente de Bart«.

Una tarde a finales del verano, en reunión con  los amigos, nos topamos con una estadística muy cruda, de una mayoría presente con carreras universitarias, sólo uno de ellos tenía un contrato, de media jornada, en hostelería y con su correspondiente sueldo de mierda. Pongámosle también a esto una música que emocione y subámoslo a Youtube.

Hemos estado demasiado tiempo mirando sin mirar, ejerciendo de espectadores de desgracias ajenas como el que mira en la tele una guerra en un país a millones de kilómetros, aquello que sucede allá, pero ahora es el vecino, el amigo, el familiar, nosotros.

Cuando Coca-Cola, Campofrío, Nestlé, una productora, una radio, una tele o Perico de los Palotes se gasta un capazo de billetes en  anuncios con escenificaciones hipócritas de caridad, recreando los mundos de Yupi y apelando a los sentimientos patrióticos más pastelosos, sólo están haciendo una llamada desesperada a nuestros bolsillos, en lugar de ponerse del lado del que lucha con alguna acción digna, escupen historietas de motivación y ñoñerías sobre la superación y la fuerza interior.

¡Estos idiotas no están comprando nuestras cosas!, piensan mientras redactan un guión aún más lacrimógeno. A estos hay que unirle otra subespecie, no menos ruidosa,   «los tapaos», a los que otro día dedicaré un texto con algo más de pasión que el de hoy.

Todo esto pasará, y como sucedió en otras crisis, pocos se acordarán de los que se quedaron en ellas,  ni del descampado laboral que dejará. Pero muchos deberían estar avergonzándose hoy de sus posturas y acciones. Y cuando eso suceda, habrá que prepararse para volver a escuchar que ya no hay «coartada» para seguir siendo pobres.

 
   

Mientras, habrá que acostumbrarse a  seguir asitiendo a despedidas, pero sin perder la voz.  Que somatizacemos la crisis, y la normalicemos, me da más miedo que la crisis misma.

El viñetista Vicente Toti,  en su blog, decía adiós así al diario Huelva Información (Grupo Joly)  (1)(2)

Acostúmbrese a las despedidas

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3 comentarios en «Acostúmbrese a las despedidas»

  1. Nadie cierra ni despide si hubiera beneficios (a costa del trabajador), el Estado presiona, ahoga, aboca al despido y cierre de miles de Pymes q cerraran este año y el que viene, nadie se preocupa de ellos solo de las macroempresas y sus putos ERES.

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