Apuñale con nuestro cuchillo

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Apuñale con nuestro cuchillo

 

 

Corría finales de enero de 2001, por entonces trabajaba en una tele local.

Aquel fin de semana se había convocado una manifestación en Algeciras contra el «Tireless» .

A la empresa le importaba más bien un pimiento todo aquello que sucedía en otra ciudad, más aún en otra provincia. Así que optamos por acudir por nuestra cuenta y riesgo y de paso traernos imágenes propias para el informativo del lunes. Al fin y al cabo se desplazaba gente de nuestra ciudad a aquella manifestación, era nuestro día libre e íbamos a ir de todas formas.

Ya que la empresa no corría con ningún gasto asociado a aquel viaje, decidimos «empotrarnos» en uno de los autobuses que había dispuesto un sindicato.

No habían pasado ni 24 horas de aquella concentración para que Aznar asomara su bigote en todas las televisiones para decir que aquella había sido una manifestación de «autobús y bocadillo» como las de «los buenos tiempos».

Aunque matizaba que no lo decía por la gente sino por los partidos que habían pagado los autobuses y bocadillos, que existieron, (de chopped low cost como es tradición), aquello fue todo lo que quedó como opinión del presidente frunce-ceños sobre aquella peligrosa alarma que estuvo sonando en Gibraltar durante casi un año.

Pueden pasar cien años, que la forma de escupir a la gente es la misma, sólo cambia el que escupe.

 

 
   

Apuñale con nuestro cuchillo

 

Para El Mundo un acarreo, según la Real Academia, es «una persona que es llevada en autobús para que se manifieste o para que vote». Sólo le faltó añadir «como en los buenos tiempos».

En realidad quieren decir que se trata de carros tirados por burros que transportan a otros burros,  miserables intelectuales,  indigentes que parasitan del dinero público para repetir como autómatas lo que les dicta su líder espiritual allá donde ordene y todo por un chusco o un paseo en autobús.

Pero no se atreven a escribirlo así, tienen ganas pero no cojones.

Es la táctica de siempre, la misma prensa rancia, la misma política del insulto, velado o no.

Quizá la única diferencia es que antes, al menos había una fuente, una bocaza para decirlo y poder citarla. Ahora los diarios hacen directamente de bocazas y acarrean sus odios y miserias a sus lectores, deciden a quién hay que escupir y el motivo, lo señalan sin pudor, señalan el autobús, la bandera o aquel árbol que consideran «torcido» por los cerros de Úbeda.

Y no se trata de incorrección política, pluralidad o de libertades de no sé qué prensa, son fobias personales y de empresa declaradas, manipulaciones e intoxicaciones, adoctrinamientos con tirantes, un jalear de rotativas, la información es lo de menos. Hay que esputar una portada  al aire para luego culpar al viento si salpica.

La crisis de la prensa no es el reflejo de la crisis de los anunciantes, es que va cambiando el viento y los rancios empiezan a recibir sus escupitajos sobre sus cerebros, ya calvos,  sometidos desde hace décadas a su secta y lustrados por su partido.

Y mañana a otra cosa, que hay que vender cuchillos mientras se apuñala.

 
   

Apuñale con nuestro cuchillo
 

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8 comentarios en «Apuñale con nuestro cuchillo»

  1. Ese verbo tendría que ir «entrecomillado» para decir lo que quiere decir, así solo acarrea más confusión a sus lectores, que no distinguiran entre persona o cosa en lo sucesivo.
    -Está usted dispuesto a acarrear con esta mujer para lo bueno y para lo malo.
    -Si, acarreo

Los comentarios están cerrados.

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