El arte de titular

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Es lo que hay, un chorreo diario de dicen, dice, dijo.

No hay ninguna información tras las opiniones, sospechas, deseos y especulaciones que llenan portadas.

Esto es algo que he discutido con algún que otro periodista de los que defiende que cualquier cosa que diga un presidente, ministro o destacado lo que sea, debe ser noticiable. Y para colmo llaman a eso «información política».

Otros lo justifican como una forma de archivar mentiras, promesas y predicciones para tirar de hemeroteca cuando la cagan anunciando cifras o vaticinando sucesos.  Aunque con ello haya que darle toda la repercusión a una simple frase sin nada que refuerce o confirme el contenido de la misma, y que sea el tema del día.

Pero aquí pongo el pie en la pared. Una gilipollez, una opinión o un nada es simplemente eso, nada. Lo diga quien lo diga. Como mucho puede formar una mínima parte de un algo de interés informativo como anécdota relacionada al vuelo. Y no me hablen de eso del arte de titular y de la rancia canción de que los titulares deben «atrapar», porque eso ya suena a pócima de charlatán ambulante medieval.

Pero basta hacer un ejercicio simple, seleccione seis o siete portadas de los medios que guste. Tache para descartar de la portada los titulares basados en declaraciones sin más dato que la frase del lenguas de turno. Lea lo que se ha salvado. Ahora  tire el periódico a la basura o cierre su navegador y hágase una pregunta, ¿qué cree que ha aprendido o podido saber hoy?

Dele una vuelta más antes de contestar.

alternativa

Félix Soria también tiene sus dudas.

 
   
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1 comentario en «El arte de titular»

  1. Llevo un año sin twitter creo que no me he perdido nada, de hecho mi vida social se ha ampliado hasta el infinito. Conozco a mucha gente desde que pido para comer en la puerta de una iglesia; además me dijo el sacerdote que así despierto la solidaridad de los cristiainos, aunque merme la voluntad hacía la causa de dios.

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