Facebook, el algoritmo como excusa

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Facebook, el algoritmo como excusa

Facebook, el algoritmo como excusa

Le ha sucedido al dibujante Ward Sutton con su página de cómic del 22 de junio, una más de las que publica regularmente en The Boston Globe, pero pasa con frecuencia con todo tipo de contenidos que se postean a diario en Facebook.

Ward recibió un aviso de Facebook en en estos términos:

«Tu publicación va en contra de nuestras normas comunitarias sobre violencia e incitación. Nadie puede ver tu publicación. Tenemos estas normas para prevenir e interrumpir el daño offline».

Lo más risible de esta advertencia de que habían hecho «invisible» el cómic de Ward en Facebook es el sinsentido de sugerirle al tiempo que la promocione como un anuncio soltando la pasta.

El dibujante lo contaba así, como no, en Facebook y en su cuenta de Twitter:

«Facebook  CENSURÓ mi última viñeta y simultáneamente TRATÓ DE HACER QUE PAGARA POR PROMOVERLA. Solo soy el último dibujante en ver su trabajo censurado por la tecnología de Facebook y/o trabajadores despistados que no pueden entender el contexto del contenido de las viñetas».

«No estaba de acuerdo» formalmente con su decisión de censurar mi cómic, pero continúan diciéndome que no tienen suficientes trabajadores para evaluar mi caso o incluso responder».

No sé en qué ha quedado este asunto, supongo que muy probablemente volverán a decir que el algoritmo estaba borracho o esos rollos que sueltan cuando no tienen otra salida.

Lo que queda claro es que, a base de capar contenidos, han ido consolidando la normalización de la censura interior en el reino de Suckerberg por aquello de que al tratarse de una empresa privada son soberanos para tapiar opiniones porque patatas, incluso juzgando y condenando a sus emisores de ser instigadores de delitos inexistentes o imaginarios.

A principios de junio, Roger Waters le arregló el cuerpo a Mark calificándolo como «uno de los idiotas más poderosos del mundo». Pero no se quedó ahí, lo mandó a la mismísima mierda y además lo llamó pequeño capullo varias veces, después de que este le enviara una oferta por una buena pasta para poder usar «Another Brick in the Wall II» en una campaña para promocionar Instagram.

Aunque pretender impedir hoy que alguien lea un cómic en internet es como querer vaciar el mar con una cucharilla, dejo por aquí la paginita Ward Sutton como acto simbólico y declaración de intenciones contra los pequeños capullos aspirantes a administradores únicos del pensamiento.

 
   

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