Nota del editor del Montreal Gazette sobre una polémica viñeta de Boris

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Nota del editor del Montreal Gazette sobre una polémica viñeta de Boris
La viñeta presenta a una anciana con su perro, vestido con la bandera canadiense, que orina sobre un cartel en el que aparece el fundador del PQ. Este partido aboga por la soberanía nacional de Quebec respecto de Canadá.

En este caso Bert Archer, editor de diario canadiense Montreal Gazette, principal diario en lengua inglesa de la región de Quebec, se posiciona sobre la polémica surgida entorno a una viñeta de Boris, seudónimo del dibujante Jacques Goldstyn (1958).

Ultraje a la memoria

Bert Archer afirma que entendió la viñeta de otra forma y aunque considera la viñeta un ultraje a la memoria de René Lévesque, también defiende la libertad de expresión de sus dibujantes, incluso cuando sus opiniones no coinciden con las del diario.

Me gusta leer este tipo de notas porque creo que forman parte del necesario debate sano y la reacción equilibrada cuando una viñeta mosquea al personal.

También porque, aunque suele ser habitual en medios de Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Estados Unidos, Reino Unido y otros países, aquí suele ser una práctica poco frecuente.

«Pido a los demás líderes que denuncien esta viñeta»

Tras la publicación de la viñeta alusiva al centenario del nacimiento del ex primer ministro René Lévesque, el líder del PQ (Partido Quebequés), Paul St-Pierre Plamondon, pedía en Twitter al resto de líderes políticos que «denunciaran la viñeta».

Esta viñeta es un reflejo del «vapuleo de Quebec» y de «lo que se escribe regularmente en los medios de comunicación del resto de Canadá sobre Quebec», comentó el líder soberanista en una rueda de prensa el martes por la mañana en Montreal, donde presentaba de su plan medioambiental. (Fuente)

Nota de Bert Archer editor de Montreal Gazette sobre la polémica viñeta de Boris

«Interpreté la última Boris de Boris de forma muy diferente a la de muchos lectores de la Gaceta que nos expresaron su sentida indignación.

La última viñeta de Boris, publicada en Internet el lunes por la tarde y en papel el martes por la mañana, ha provocado una gran indignación. En ella se representa a una anciana de Montreal que no presta atención mientras su pequeño perro orina en dirección a un cartel que conmemora el centenario de René Lévesque.


Poco después de las 9 de la mañana, el líder del Partido Quebequense, Paul St-Pierre Plamondon, la tuiteó, calificándola de irrespetuosa. A continuación se produjo una tormenta en Twitter que pronto se extendió a la prensa y a mi bandeja de correo.

Permitimos a nuestros columnistas y dibujantes una amplia libertad para expresar sus opiniones, lo que puede dar lugar a muchas otras opiniones. No suelo intervenir para explicar o defender una viñeta o una columna. Sus autores están contratados para expresar sus opiniones, no las nuestras, y ambas no siempre se cruzan.

Pero esta viñeta ha molestado profundamente a algunos lectores, así que me gustaría explicar lo que vi cuando me enviaron esta viñeta ayer por la tarde.

Vi en primer plano a una mujer dibujada sin simpatía -sin ojos visibles, con los signos de la edad exagerados y hechos para parecer fea- que es ajena a todo, incluido su perro, que está orinando en dirección a un cartel en el fondo con un René Lévesque dibujado con sensibilidad, incluso con reverencia.

He tomado a la mujer como protagonista de la caricatura, no a Lévesque. Ya sea que represente un estereotipo de cierta raza de anglosajones intransigentes, o simplemente una generación que ya no existe en Montreal, una generación que ha envejecido de una manera u otra, consideré que era ella y su ignorancia descuidada el objeto de la sátira, no el antiguo primer ministro.

Para mí, esta es una viñeta fuerte, precisamente por la crudeza de la imagen central. Es un ultraje a la memoria de una de las más grandes figuras políticas de Québec, que luchó por una visión de esta provincia que muchos llegaron a compartir de una u otra manera.

Montreal Gazette se publica todos los días por personas que aman esta ciudad y esta provincia. Nuestra plantilla, al igual que la de Montreal, está formada, entre otros muchos, por anglosajones que no se marcharon, o que han vuelto o se han trasladado aquí, precisamente por el legado que Lévesque y otros como él han dejado».

Aunque la lectura de los numerosos correos electrónicos de los lectores y de otras personas no ha sido divertida, ha sido, a su manera, edificante. Los remitentes parecen ser personas de todo tipo de orígenes culturales y lingüísticos, todos los cuales, al expresar su indignación por mi mal gusto o juicio por publicar la caricatura en primer lugar, demuestran un profundo respeto por Lévesque y son un reflejo de un Quebec que tengo que pensar que a Lévesque le habría encantado ver, un Quebec que se ha movido más allá de las dicotomías crudas, y del que estamos muy orgullosos de formar parte».

Esto no es noticia, o no debería

Que alguien, sea quién sea, opine con absoluta libertad sobre opiniones ajenas no debería ser noticia, ni tan siquiera debería merecer una breve reseña, pero en los tiempos del «arden las redes sociales» (en gran medida un efecto amplificado por los medios) y toda la vaina de la cultura de la cancelación (sea lo que sea exactamente esto) cualquier debate natural pasa a ser algo excepcional.


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