Yonquis del zurullo

 

Yonquis del zurullo

Desde hace unas semanas trabajo de lunes a viernes en un sitio donde no hay televisión, ni nadie capaz de obligarme a tener una. Ni siquiera se escucha una a lo lejos.

Con un monitor y un ordenador chusquero con internet he montado lo que un pijigeek llamaría un «media center». Por dos duros veo o escucho lo que quiero cuando quiero y como quiero, programación a la carta.  Sigo sin entender como hay ultimamente tanto erudito indignado escribiendo tochos kilométricos sobre lo peor de la televisión.

Por lo general una persona medio normal, a la de tres zurullos (con uno debería bastar) que le metieran en la boca no volvería a ver ninguno de esos canales y menos aún tendría interés ni ganas de  comentarlos.

Y conste  que ni telecinco, ni antena 3, ni cuatro o la Radio Televisión Canaria han pasado completamente desapercibidos aquí y se han nombrado en alguna ocasión, también para destriparlos. Entiendo que la crítica puede servir, como poco, para el  simple desahogo.

Pero lo que no se entiende es que haya tanto peatón suelto que todo lo que tenga como orden del día para comentar en bares, peluquerías, kioskos o esperando en un semáforo sea la sobredosis de todos esos zurullos televisivos que se metió la noche anterior.


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