
No. Ninguna viñeta ha cambiado "el mundo" y dudo que puede hacerlo. Lamento el spoiler a bocajarro, pero ya que usé la técnica sensacionalista de encalomar una pregunta en el titular, tenía que redimirme lo antes posible.
Según la ley de los titulares de Betteridge "cualquier titular en forma de pregunta puede ser respondido con un no". Y este no iba a ser menos. Si se conoce la respuesta no es necesaria la pregunta y si se desconoce, menos aún. Además, en la mayoría de los casos (salvo para escasas verdades incontestables que tampoco necesitan pregunta) encajará perfectamente un rotundo no.
Según el creador, Ian Betteridge, este adagio se hizo popular tras escribir una entrada de blog cómica y espontánea que se convirtió en una "ley de Internet" y que hizo a su autor "ser más conocido por algo que en realidad fue solo un comentario sin importancia".
Una variante de esta pregunta me la hicieron un día y se le ha hecho a más un dibujante porque hay gente que sigue otorgando a los viñetistas supuestos superpoderes y una influencia que no tienen. Muchos son/somos diletantes confesos y afortunadamente no conozco a ninguno tan insultantemente pretencioso como para creerse en posesión de tales facultades.
Sea como sea, las viñetas no descubren escándalos ni destapan delitos, son opiniones que beben del trabajo de la prensa o de la opinión pública, así que resulta casi imposible que sean el detonante primario de cambios estructurales de carácter mundial, aunque pueden ser, como cualquier otra obra, parte activa del todo que derive en algunos cambios.
Ojalá una viñeta pudiera cambiar el mundo, porque una pieza con ese poder podría ser la consagración universal de cualquier dibujero. El santo grial de las viñetas, algo mucho más allá de lo que hoy llamamos "viral". Una obra perpetua, algo que consiguen en cierta medida algunos artistas con solo una canción, libro, pintura o construcción aún sin haber cambiado nada. Por contra, las viñetas llevan en su ADN lo de ser efímeras, salvo casos muy excepcionales.
Sobre este particular, Quino lo tenía claro. Cuando se hablaba de si la historieta y el humor podían crear conciencia social y que esto derivara en cambios importantes, acostumbraba a contar una anécdota en la que citaba la respuesta de un dibujante estadounidense.
"Hay gente que dice que, bueno, que el humor puede hacer pensar a la gente, pero no. Hace poco en Angoulême, donde hacen una feria de la historieta, del tebeo (Festival Internacional del Cómic de Angulema) estaban entrevistando a un dibujante norteamericano*, que es el que dibuja a los hijos del capitán aquellos (en referencia al Capitán América) y le preguntaron justamente esto y él dijo:
"Los aliados no echamos a Hitler con tinta china"(...) "Me parece una respuesta excelente", afirmó Quino en una entrevista en RTVE en 1976.
*Desconozco a qué dibujante se refería porque no se citaba el nombre ni la fecha de esas declaraciones.
En una afirmación convertida en aforismo, otro de tantos que nos dejó, Jaume Perich se posicionó de forma parecida cuando dijo que "Gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada. Al gobernante tampoco".
Volviendo a esta costumbre de elevar a los viñetistas al Olimpo de los grandes removedores de conciencias, se pueden encontrar trabajos que hacen malabares con esta idea, aunque siempre con trampa. Por poner un ejemplo, existe un libro con un título tan atractivo como engañoso: "50 viñetas que cambiaron el mundo" de Roberto Fandiño, publicado en 2016 y que leí en su día. No es un libro malo, pero tiene un mal título porque, por decirlo suavemente, maquilla bastante el contenido en el título ya que solo recopila distintos sucesos o pasajes históricos y los relaciona con determinadas viñetas o el conjunto de los trabajos de distintos autores.
Aún así, para no quedarnos solo con ese no rotundo a la pregunta en cuestión, hay un caso que no aparece en el libro de Fandiño, que bien podría ser uno de esos ejemplos de viñetas que desencadenan sucesos de calado jugando un papel importante o siendo el principal detonante. (Aunque también tiene trampa).
El poder de las viñetas: el caso de Thomas Nast contra "Boss" Tweed
En las décadas de 1860 y 1870, el dibujante Thomas Nast popularizó el formato de las caricaturas en los medios estadounidenses desde la revista Harper's, convirtiéndose en un férreo defensor de la reforma municipal. Su principal objetivo fue William M. "Boss" Tweed, líder de Tammany Hall, la poderosa maquinaria política del Partido Demócrata que controlaba el gobierno de Nueva York, a quien acusó de defraudar a la ciudad con sumas millonarias, a través de una flagrante corrupción. Las cifras de lo que robó este tipo tienen una horquilla muy amplia, se habla de que defraudó entre 20 y 200 millones de dólares de la época

La gran influencia de la obra de Nast radicaba en su impacto visual. Según se contaba entonces, la mayoría de los votantes que apoyaban a Tweed eran analfabetos y no podían leer los artículos críticos de la prensa, pero sí comprendían perfectamente las ilustraciones. La amenaza que representaban estas publicaciones era tal para el político corrupto que, según la leyenda, Tweed llegó a exclamar: «¡Detengan esas malditas caricaturas!».

Tras fracasar en su intento de sobornar a Nast con una cuantiosa suma de dinero bajo la apariencia de una beca en Europa, y después de que sus amenazas de boicotear a la editorial de Harper's no surtieran efecto, las caricaturas continuaron impactando la opinión pública. Aunque las imágenes por sí solas no obligaban a votar de una manera concreta, sí contribuyeron a incitar la indignación popular: las elecciones de 1871 debilitaron al Tweed Ring al sacar a los candidatos de Tammany de sus cargos.
La influencia de las ilustraciones trascendió las urnas cuando, tras ser procesado, condenado y escapar a España en 1875, "Boss" Tweed fue finalmente reconocido por un oficial español gracias a una caricatura de Nast, lo que permitió su extradición de regreso a una prisión de Nueva York, donde estuvo encarcelado hasta que murió en 1878.
Hay que tener en cuenta que hasta 1880 no empezaron a publicarse las primeras fotografías en la prensa estadounidense.













